Cómo prevenir e identificar la resistencia a la insulina
24 de Nov 2022
La resistencia a la insulina (RI), también conocida como insulinorresistencia, es una condición en la que las células del organismo no responden adecuadamente a la insulina, una hormona producida por el páncreas que desempeña un papel clave en el metabolismo. La insulina regula los niveles de glucosa en sangre, interviene en el metabolismo de las grasas, favorece el crecimiento y la proliferación celular, contribuye a una función normal del endotelio vascular mediante la liberación de óxido nítrico y participa en los mecanismos de coagulación y agregación plaquetaria.
Cuando existe resistencia a su acción, el organismo necesita producir mayores cantidades de insulina para mantener la normoglucemia, lo que da lugar a un estado de hiperinsulinismo. Si esta situación se mantiene en el tiempo, puede evolucionar hacia prediabetes y, posteriormente, diabetes tipo 2.
La resistencia a la insulina se asocia a múltiples manifestaciones clínicas y alteraciones metabólicas, entre las que destacan:
- Prediabetes y diabetes tipo 2.
- Obesidad abdominal.
- Dislipidemia, caracterizada por aumento de triglicéridos y disminución del colesterol HDL.
- Disfunción endotelial, con mayor riesgo de hipertensión arterial.
- Alteraciones de la coagulación, que incrementan el riesgo de trombosis y aterosclerosis.
- Hígado graso no alcohólico, que puede progresar a esteatohepatitis y cirrosis.
- Síndrome de ovario poliquístico.
- Acantosis nigricans, que se manifiesta como zonas de piel engrosada e hiperpigmentada en pliegues cutáneos.
Aunque la causa exacta de la resistencia a la insulina no está completamente definida, se reconocen diversos factores implicados en su desarrollo, como:
- Factores genéticos, ya que la RI tiene un componente poligénico que puede afectar a los receptores de insulina.
- Obesidad abdominal, debido al aumento de ácidos grasos libres y mediadores proinflamatorios que interfieren con la acción de la insulina.
- Dieta poco saludable, rica en calorías, grasas saturadas y azúcares refinados.
- Sedentarismo, que favorece el aumento de la grasa corporal y la disminución de la sensibilidad a la insulina.
- Uso prolongado de determinados fármacos, como los corticoides.
El diagnóstico de la resistencia a la insulina debe sospecharse en presencia de obesidad abdominal, hipertensión arterial, hipertrigliceridemia e hiperglucemia. Puede confirmarse mediante la medición simultánea de glucosa e insulina en sangre, utilizando índices como el HOMA.
Aunque la carga genética no puede modificarse, existen medidas eficaces para la prevención y el tratamiento de la resistencia a la insulina. Entre ellas destacan la pérdida de peso, ya que una reducción del 5–10 % del peso corporal mejora de forma significativa la sensibilidad a la insulina; la práctica regular de ejercicio físico, recomendándose al menos 30 minutos diarios de actividad aeróbica, cinco días a la semana; y la adopción de una dieta saludable, evitando dietas hipercalóricas y alimentos con alta carga glucémica, azúcares simples, carbohidratos refinados y grasas saturadas o trans.
En este contexto, la dieta mediterránea ha demostrado ser especialmente beneficiosa, ya que es rica en alimentos de origen vegetal, fibra y antioxidantes, con consumo moderado de pescado, aves, huevos y lácteos, ocasional de carnes rojas, y con el aceite de oliva como principal fuente de grasa.