Ejercicio físico y diabetes: claves a tener en cuenta

25 de Feb 2026

Dra. Guayente Verdes Sanz
Médico especialista en Endocrinología y Nutrición del Hospital Comarcal de Alcañiz

 

El ejercicio físico constituye una parte fundamental del tratamiento de la diabetes, ya que mejora el control de la glucemia, aumenta la sensibilidad a la insulina y la fuerza muscular, reduce los factores de riesgo cardiovascular y la mortalidad global, y favorece el bienestar general.

Por ello, la mayoría de los adultos con diabetes deberían realizar al menos 150 minutos semanales de actividad física aeróbica de intensidad moderada a vigorosa, distribuidos en un mínimo de tres días a la semana, evitando que transcurran más de dos días consecutivos sin realizar ejercicio. Las sesiones aeróbicas deberían durar al menos 10 minutos, con el objetivo de alcanzar aproximadamente 30 minutos diarios o más la mayoría de los días de la semana.

 

Tipos de ejercicio recomendados y reducción del sedentarismo

Además del ejercicio aeróbico, se aconseja:

- Realizar 2–3 sesiones semanales de ejercicios de resistencia (pesas o máquinas), en días no consecutivos.

- Incluir 5 o más ejercicios diferentes por sesión, que trabajen los grandes grupos musculares.

Priorizar este tipo de ejercicio en pacientes con desnutrición para prevenir la pérdida de masa muscular. También es importante:

- Reducir el sedentarismo, evitando estar sentado durante periodos prolongados.

- Levantarse o moverse cada 30 minutos, ya que esto ayuda a mejorar el control de la glucosa.

- En adultos mayores, realizar ejercicios de flexibilidad y equilibrio 2–3 veces por semana, pudiendo incluir actividades como yoga o taichí según las preferencias personales.

 

Precauciones, situaciones especiales y control glucémico

Las personas con alto riesgo cardiovascular deben iniciar la actividad física con periodos breves de ejercicio de baja intensidad, aumentando progresivamente la duración y la intensidad según su tolerancia, teniendo en cuenta la edad y el nivel previo de actividad física.

Determinadas complicaciones de la diabetes requieren precauciones específicas: en la retinopatía diabética avanzada, el ejercicio aeróbico intenso o el de resistencia puede aumentar el riesgo de hemorragia vítrea o desprendimiento de retina; en la neuropatía periférica, es esencial utilizar calzado adecuado y revisar los pies a diario, evitando actividades con carga de peso si existen lesiones; y en la neuropatía autonómica, se recomienda una evaluación médica previa antes de iniciar una actividad física más intensa de la habitual.

En pacientes tratados con insulina o hipoglucemiantes orales, el ejercicio puede provocar hipoglucemia si no se ajusta la medicación, por lo que puede ser necesario ingerir carbohidratos adicionales cuando la glucemia previa al ejercicio sea inferior a 90 mg/dl o reducir la dosis de insulina, en función del momento del día y de la intensidad y duración de la actividad.

La hipoglucemia también puede aparecer tras el ejercicio y prolongarse durante varias horas debido al aumento de la sensibilidad a la insulina, mientras que las actividades muy intensas pueden elevar la glucemia si los valores previos ya eran altos. Por ello, es imprescindible controlar los niveles de glucosa antes y después del ejercicio.

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