El reflujo gastroesofágico en niños
28 de Sep 2025
La mayoría de los lactantes presentan reflujo gastroesofágico fisiológico que suele resolverse con el crecimiento.
La mayoría de los lactantes presentan reflujo gastroesofágico fisiológico que suele resolverse con el crecimiento.
¿Qué es el reflujo gastroesofágico?
El reflujo gastroesofágico se produce cuando el contenido del estómago pasa hacia el esófago sin esfuerzo. Cuando la acidez del contenido gástrico supera la capacidad del esófago para tolerarla, puede producirse inflamación y aparecer complicaciones. En estos casos hablamos de enfermedad por reflujo gastroesofágico.
¿Por qué aparece el reflujo en los bebés?
En los lactantes, el reflujo gastroesofágico suele ser un proceso fisiológico y, habitualmente, no supone un problema. Se produce por la inmadurez propia del recién nacido, que ocasiona un cierre inadecuado del cardias —el anillo que separa el esófago del estómago—, junto con una alimentación fundamentalmente líquida y unas contracciones del esófago menos eficaces.
Este conjunto de factores facilita el paso del contenido del estómago hacia el esófago y la boca. El reflujo suele alcanzar su máxima expresión en los primeros meses de vida y tiende a resolverse de forma progresiva conforme el bebé crece y madura, generalmente entre los 12 y 18 meses.
¿Puede persistir el reflujo en edades posteriores?
Si el reflujo persiste en edades algo mayores, suele alternar periodos de mejoría y empeoramiento. En estos casos existe una tendencia a que continúe en la edad adulta hasta en un 50 % de los casos.
En niños mayores, las causas del reflujo gastroesofágico son similares a las del adulto y pueden estar relacionadas con la ingesta de determinados alimentos, bebidas, medicamentos o con problemas anatómicos como la hernia de hiato.
¿Cuándo es importante valorar otras causas?
Especialmente en los niños más pequeños, es fundamental la valoración por parte del pediatra. El reflujo gastroesofágico puede estar relacionado con otras patologías, como infecciones urinarias, alergias alimentarias, alteraciones anatómicas —como la estenosis hipertrófica del píloro— u otros problemas más importantes, como enfermedades metabólicas o alteraciones del sistema nervioso central.