El uso de la sonda nasogástrica en la nutrición enteral

03 de Ago 2025

Alejandra Pérez Rodríguez
Especialista en nutrición infantil y enfermedades metabólicas

 

La nutrición clínica ha experimentado importantes avances en las últimas décadas, permitiendo mejorar tanto la calidad de vida como la esperanza de vida de muchas personas. Uno de los progresos más relevantes ha sido el desarrollo de la nutrición enteral por sonda, que ha pasado del ámbito exclusivamente hospitalario al entorno domiciliario, ofreciendo una alternativa eficaz para aquellas personas que no pueden alimentarse por vía oral de forma adecuada. Como cualquier intervención sanitaria, su uso presenta ventajas, pero también posibles complicaciones que es necesario conocer para potenciar sus beneficios y minimizar los riesgos asociados.

¿Qué es la nutrición enteral por sonda?

La nutrición enteral es una forma de alimentación que consiste en la administración de preparados nutricionales específicos, conocidos como fórmulas de nutrición, a través del aparato digestivo. Estas fórmulas pueden administrarse por vía oral o mediante una sonda, cuando la persona presenta un cuadro clínico que le impide ingerir alimentos por la boca. El objetivo es garantizar un aporte adecuado de nutrientes que cubra las necesidades físicas y, de forma indirecta, también influya positivamente en el bienestar emocional del paciente.  

Dentro de las distintas modalidades de nutrición enteral, la administración por sonda es una de las más utilizadas en la práctica clínica. La elección del tipo de sonda depende de las necesidades, características y condiciones de cada persona, y siempre debe ser valorada por un profesional sanitario.

 

Tipos de sondas utilizadas en la nutrición enteral

Existen diferentes tipos de sondas que pueden emplearse para administrar nutrición enteral, entre ellas la sonda nasoenteral, orogástrica, nasoduodenal, nasogástrica o incluso otras vías específicas según el caso clínico. Sin embargo, la sonda nasogástrica es la más utilizada dentro de la nutrición enteral.

La sonda nasogástrica es un tubo que se introduce a través de la nariz y llega hasta el estómago, permitiendo administrar directamente los nutrientes necesarios al aparato digestivo. Muchas de las personas que requieren nutrición enteral están familiarizadas con su uso, especialmente cuando el tratamiento se prolonga en el tiempo.

Estas sondas pueden fabricarse con distintos materiales. Las de silicona o poliuretano se caracterizan por ser suaves y flexibles, con una durabilidad aproximada de entre cuatro y seis semanas, y requieren tener en cuenta factores como la medicación administrada, la acidez gástrica y la temperatura del preparado. Por otro lado, las sondas de PVC son menos flexibles, tienen una durabilidad más corta, de entre tres y cuatro días, y tienden a endurecerse con rapidez. En el caso de la población pediátrica, se recomienda el uso de calibres específicos adaptados a su edad.

Ventajas del uso de la sonda nasogástrica

El uso de la sonda nasogástrica ha supuesto un avance significativo en la atención de personas que no pueden alimentarse por vía oral. Gracias a este dispositivo, es posible asegurar un aporte nutricional adecuado directamente al sistema digestivo, lo que contribuye a mejorar la evolución clínica del paciente y su calidad de vida. Además, ha permitido que muchos tratamientos de nutrición enteral puedan realizarse en el domicilio, favoreciendo la continuidad de los cuidados fuera del entorno hospitalario.

La nutrición enteral por sonda permite adaptar la alimentación a las necesidades específicas de cada persona, utilizando fórmulas adecuadas y ajustando la forma de administración según la tolerancia y la situación clínica. Este enfoque individualizado es uno de los principales beneficios de esta técnica.

 

Complicaciones asociadas al uso de la sonda nasogástrica

A pesar de sus ventajas, el uso de la sonda nasogástrica puede conllevar determinadas complicaciones, especialmente cuando su manipulación o mantenimiento no son adecuados. Una de las complicaciones más frecuentes es la oclusión de la sonda, que consiste en la obstrucción del tubo por restos de nutrición. Esta situación suele obligar a cambiar la sonda con cierta frecuencia si no se toman las medidas adecuadas para prevenirla o resolverla.

Otra complicación relativamente habitual es la aparición de náuseas o vómitos. Estas pueden producirse cuando la sonda no está bien colocada, cuando se utiliza una fórmula inadecuada o cuando la administración de la alimentación se realiza a una velocidad o volumen excesivos. En estos casos, puede ser necesario detener temporalmente la alimentación y reiniciarla de forma progresiva, prestando especial atención a la posición de la persona durante la administración.

La diarrea es otra posible complicación, que puede aparecer si la alimentación se administra demasiado rápido, si la fórmula está demasiado fría o si existe contaminación del preparado. Asimismo, puede producirse la extracción accidental de la sonda como consecuencia de una manipulación incorrecta, así como irritación o ulceración de la nariz debido al roce o la presión continuada del tubo.  

Estas complicaciones ponen de manifiesto la importancia de que tanto el personal sanitario como las personas cuidadoras estén adecuadamente formados en el manejo de la sonda nasogástrica, con el fin de detectar de manera precoz cualquier problema y actuar de forma adecuada.

Consideraciones finales

La nutrición enteral por sonda nasogástrica es una herramienta fundamental en la atención de personas que no pueden alimentarse por vía oral. Su correcto uso permite mantener un adecuado estado nutricional y mejorar la calidad de vida del paciente. No obstante, es imprescindible conocer tanto sus ventajas como las posibles complicaciones asociadas, ya que solo así es posible garantizar un tratamiento seguro, eficaz y adaptado a las necesidades de cada persona.

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