Insuficiencia cardíaca: nutrición y ejercicio para mejorar la calidad de vida
24 de Feb 2026
La insuficiencia cardíaca (IC) es una enfermedad frecuente, especialmente en personas mayores, que afecta la capacidad del corazón para bombear sangre de forma eficiente. Esto genera síntomas como disnea, fatiga, retención de líquidos y una alta tasa de hospitalización y mortalidad. Frente a este panorama, la nutrición y el ejercicio físico se consolidan como pilares fundamentales en su manejo.
LA NUTRICIÓN EN EL MANEJO DE LA IC
La IC puede provocar desnutrición por múltiples causas: reducción del apetito, menor aprovechamiento de los nutrientes ingeridos, restricciones dietéticas mal planteadas y efectos secundarios de medicamentos. Además, la congestión intestinal y la inflamación crónica dificultan la absorción de nutrientes.
Las recomendaciones nutricionales tradicionales han estado centradas en evitar ciertos alimentos, lo que ha llevado a dietas monótonas y poco apetecibles. Sin embargo, muchas de estas restricciones no tienen suficiente respaldo científico.
MITOS Y REALIDADES NUTRICIONALES
- Mito: Hay que eliminar completamente la sal de la dieta.
- Realidad: Una ingesta superior a 6-8 g/día se asocia con peor evolución, pero una dieta totalmente sin sal puede reducir la palatabilidad y aumentar el riesgo de desnutrición. Se recomienda evitar alimentos procesados ricos en sal y permitir 1-2 g/día de sal añadida en comidas caseras.
- Mito: Hay que aumentar o restringir al máximo la ingesta de agua.
- Realidad: No se recomienda aumentar la ingesta para favorecer la diuresis. El objetivo es mantener un balance hídrico neutro o ligeramente negativo. La restricción intensiva de líquidos puede favorecer la desnutrición. Se aconseja consumir líquidos según la sed, entre 1.5 y 2 litros diarios.
- Mito: Es necesario suplementar con vitaminas y minerales como tiamina o selenio.
- Realidad: No se ha demostrado que estas suplementaciones sean útiles de forma sistemática. Una dieta mediterránea variada es suficiente. Sin embargo, el déficit de hierro sí es frecuente y puede afectar la calidad de vida, por lo que se recomienda control analítico y suplementación si es necesario.
EJERCICIO FÍSICO: RECUPERAR LA FUERZA Y LA INDEPENDENCIA
Durante años se ha recomendado evitar el ejercicio físico en personas con IC por miedo a eventos cardiovasculares. Sin embargo, el sedentarismo agrava la situación, provocando atrofia muscular y menor tolerancia al esfuerzo.
El ejercicio mejora el pronóstico de la IC al aumentar la capacidad funcional y la independencia. Se recomienda seguir programas de rehabilitación cardíaca en tres fases:
- Fase hospitalaria: ejercicios suaves para perder el miedo al movimiento.
- Fase post-ingreso: actividad física controlada por profesionales, junto con educación en hábitos saludables.
- Fase ambulatoria: integración del ejercicio en la vida diaria, con apoyo comunitario.
Los ejercicios más recomendados combinan:
- Ejercicios de fuerza: como levantarse de una silla sin usar los brazos.
- Ejercicios aeróbicos: como caminar, bailar o montar en bicicleta, adaptados a los gustos y capacidades del paciente.
NUTRICIÓN Y EJERCICIO: UN BINOMIO INDISPENSABLE
El fortalecimiento muscular y cardíaco no puede lograrse sin una nutrición adecuada. Es esencial asegurar un aporte suficiente de calorías y proteínas, especialmente durante la recuperación tras un episodio de IC. En caso de que la dieta no sea suficiente, existen suplementos adaptados a distintas necesidades.
Registrar las ingestas permite ajustar el tratamiento nutricional y elegir el suplemento más adecuado. La combinación de ejercicio físico y alimentación equilibrada es, sin duda, el dúo imbatible para cuidar la salud cardiovascular.