¿Qué hacer cuándo una persona con cáncer no tiene apetito?

24 de Sep 2023

Dr. Luis Miguel Luengo Pérez
Médico especialista en Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario de Badajoz

 

Como consecuencia de los efectos secundarios del tratamiento o de la propia enfermedad, es frecuente que las personas con cáncer experimenten una disminución del apetito.

Cuando la ingesta diaria de alimentos es reducida, resulta fundamental priorizar alimentos con mayor densidad energética y proteica, es decir, aquellos que aportan más calorías y proteínas por unidad de peso. Frente a opciones de menor densidad nutricional, se recomienda optar por lácteos enteros en lugar de desnatados, quesos en lugar de leche, y purés o cremas frente a caldos y sopas. Asimismo, para enriquecer los platos, es aconsejable utilizar nata, aceites, cremas y salsas, así como guarniciones de patata, guisantes, arroz o pasta, en lugar de hortalizas y verduras. Dado que la cantidad total de alimento consumido es menor, seleccionar siempre las opciones con mayor aporte nutricional resulta clave.

Los caldos y las sopas, aunque no se recomiendan como parte de las comidas principales debido a su bajo valor energético, no deben eliminarse por completo de la dieta. Pueden resultar útiles entre comidas como fuente de hidratación y aporte de sales minerales.

 

 

APETITO SELECTIVO Y ADAPTACIÓN DE LA DIETA

Durante el tratamiento oncológico, el apetito puede volverse selectivo, de modo que la persona tolere bien algunos alimentos y rechace otros. Un ejemplo frecuente es el rechazo a la carne, especialmente en pacientes con tumores del tubo digestivo. En estos casos, es importante adaptarse a los cambios y priorizar los alimentos que resulten más apetecibles, sin excluir de forma definitiva aquellos que generan rechazo.

Una estrategia útil consiste en modificar la forma de preparación de los alimentos rechazados. En el caso de la carne —principal fuente dietética de hierro de alta biodisponibilidad y de vitamina B12—, puede ofrecerse en preparaciones como croquetas, puddings o empanadas, en lugar de presentarla a la plancha o al horno. Si el rechazo persiste incluso en estas preparaciones, entonces, y solo en ese caso, se recomienda sustituir la carne por otros alimentos del mismo grupo, como productos cárnicos, pescado o huevos, con el fin de minimizar las diferencias en el aporte de nutrientes.

 

VARIACIONES DEL APETITO Y SACIEDAD PRECOZ

En algunas personas, el apetito no es constante a lo largo del día y suele ser mayor durante la primera mitad de la jornada. En estos casos, la estrategia debe centrarse en incrementar la densidad energética y proteica de las comidas realizadas en el desayuno, la media mañana y la comida principal, ya que durante la merienda y la cena la ingesta suele ser más limitada.

En otros pacientes, más que una pérdida continuada del apetito, se produce una sensación de saciedad precoz: comienzan a comer con apetito, pero se sienten llenos rápidamente. En estas situaciones, se recomienda aumentar el número de tomas diarias, reduciendo la cantidad de alimento en cada una de ellas, pero manteniendo o incrementando su densidad energética. Además, es aconsejable consumir primero los alimentos ricos en proteínas —carnes, pescados, huevos y lácteos— y dejar para el final el resto de los alimentos.

 

IMPORTANCIA DEL ATRACTIVO SENSORIAL

En cualquiera de estos escenarios, resulta esencial cuidar el atractivo sensorial de los platos. La presentación, el color de los ingredientes, su disposición en el plato, así como los aromas y sabores, desempeñan un papel clave en la estimulación del apetito. Un plato visual y olfativamente atractivo puede resultar más apetecible incluso antes de ser probado.

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