Recomendaciones nutricionales adaptadas a los cambios fisiológicos en la tercera edad

25 de Feb 2026

Mónica Benito Fernández
Diplomada en enfermería y nutrición humana

Con el envejecimiento, el cuerpo humano experimenta una serie de cambios fisiológicos que afectan directamente la nutrición. Adaptar la alimentación a estas transformaciones es clave para mantener la salud, prevenir enfermedades y mejorar la calidad de vida.

A medida que envejecemos, se producen modificaciones que afectan la capacidad de adaptación alimentaria:

  • Reducción de masa magra: disminuye aproximadamente un 1% anual, lo que reduce las necesidades calóricas.
  • Aumento de masa grasa: puede provocar ganancia de peso con la misma ingesta.
  • Disminución del gusto y olfato: las comidas resultan menos atractivas.
  • Menor secreción de saliva y gástrica: dificulta la formación del bolo alimenticio y la absorción de nutrientes como hierro, calcio, ácido fólico y vitamina B12.
  • Tránsito intestinal más lento: favorece el estreñimiento.
  • Déficit de lactasa: puede generar intolerancia a la leche.
  • Disminución de la absorción de vitamina D: aumenta el riesgo de osteoporosis.
  • Predominio de hormonas anorexígenas: disminuye el apetito.

¿Cómo se ajustan las necesidades nutricionales en el adulto mayor?

Las necesidades nutricionales en los adultos mayores deben ajustarse a estos cambios fisiológicos. En general, los requerimientos energéticos se sitúan en torno a 1.700–1.800 kcal/día en mujeres y 2.100–2.400 kcal/día en hombres mayores de 60 años, aunque siempre deben individualizarse en función del estado de salud, el nivel de actividad física y la composición corporal.

¿Qué papel juegan los macronutrientes?

Los macronutrientes aportan la energía necesaria y son esenciales para mantener la masa muscular, el equilibrio metabólico y la función digestiva en el adulto mayor. Por ello, su distribución diaria debe ajustarse a las siguientes recomendaciones:

  • Proteínas: 1–1,2 g/kg/día (hasta 2 g/kg/día en casos de malnutrición severa). En insuficiencia renal avanzada, no superar los 0,6–0,8 g/kg/día.

    • Aproximadamente el 15 % de la energía diaria.
    • Al menos el 40 % de alto valor biológico (carnes, pescados, lácteos).
  • Grasas: 20–35 % de la energía total. Priorizar ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados; evitar grasas trans.

  • Hidratos de carbono: 45–60 % de la energía total. Azúcares libres <10 %.

  • Fibra: 20–30 g/día.

¿Qué micronutrientes requieren especial atención?

Determinados micronutrientes resultan especialmente importantes en el adulto mayor debido a su papel en la salud ósea, muscular, inmunitaria y cognitiva, así como a la mayor prevalencia de déficits en esta etapa de la vida.

  • Vitamina D y calcio: esenciales para la salud ósea.
  • Otros necesarios: hierro, zinc, magnesio, cobre, vitaminas A, E, C, B6 y ácido fólico.

¿Cómo debe ser una alimentación saludable en esta etapa?

Para lograr una alimentación saludable, se aconseja una dieta variada que incluya:

  • Carnes, pescados y huevos: 2 raciones al día.
  • Lácteos: 2 raciones al día (leche, yogur, queso).
  • Feculentos y legumbres: 4–6 raciones al día.
  • Frutas y hortalizas: 2–3 raciones al día, incluyendo vitamina C y verduras crudas.
  • Grasas: 3–4 raciones al día, preferentemente aceite de oliva.
  • Frutos secos: 3–7 raciones semanales (20–30 g por ración).
  • Líquidos: 1,5–2 litros diarios (agua, leche, caldos).

¿Por qué es importante distribuir la energía a lo largo del día?

Distribuir la energía a lo largo del día ayuda a mantener niveles metabólicos más estables, mejorar la tolerancia digestiva y favorecer un mejor aprovechamiento de los nutrientes en el adulto mayor. Por ello, resulta útil repartir la ingesta diaria de la siguiente manera: un desayuno que aporte entre el 20 y el 25 %, un almuerzo del 30 al 35 %, una merienda del 10 al 15 % y una cena del 25 al 30 %.

¿Por qué el aporte proteico merece especial atención?

El aporte proteico adecuado es clave para prevenir la pérdida de masa muscular asociada al envejecimiento. Se recomienda priorizar alimentos ricos en aminoácidos esenciales, como la leucina, y combinar la ingesta de proteínas con ejercicio físico, ya que esta combinación estimula la síntesis muscular.

¿Qué hacer en situaciones como obesidad sarcopénica o malnutrición?

En situaciones de obesidad sarcopénica puede ser necesario asociar una restricción calórica moderada con ejercicio físico y un mayor aporte proteico. En casos de malnutrición, los suplementos nutricionales calórico-proteicos pueden resultar útiles, siempre bajo supervisión médica.

¿Cómo aumentar de forma sencilla el aporte de proteínas?

Ideas para aumentar el aporte de proteínas:

  • Leche: añadir leche en polvo a sopas, purés y postres.
  • Yogur: enriquecer con frutos secos, frutas y cereales
  • Queso: usar rallado o fundido en platos variados.
  • Huevo: incorporar en tortillas, ensaladas y sopas.
  • Carne y pescado: usar como relleno en distintas preparaciones.

En definitiva, adaptar la alimentación a los cambios propios del envejecimiento es clave para preservar la salud, la funcionalidad y la calidad de vida. Una nutrición equilibrada, ajustada a las necesidades individuales y acompañada de ejercicio físico regular, permite prevenir la pérdida de masa muscular, cuidar la salud ósea y favorecer un envejecimiento activo y saludable.

 

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