Recomendaciones nutricionales para niños en tratamiento oncológico
25 de Sep 2024
La pediatría constituye uno de los ámbitos más sensibles dentro de la práctica médica. Los niños y las niñas, al igual que la población adulta, están expuestos al desarrollo de diversas patologías, entre ellas el cáncer, cuya repercusión en la edad pediátrica resulta especialmente relevante.
En la actualidad, el cáncer infantil representa la segunda causa de mortalidad en la población pediátrica, una situación especialmente preocupante si se tiene en cuenta que un elevado porcentaje de estos pacientes presenta riesgo de desnutrición. Este riesgo se debe, en gran medida, a múltiples factores relacionados con el tipo de tumor, su localización y el tratamiento oncológico recibido.
Los pacientes con tumores sólidos en estadios avanzados, leucemias, linfomas de alto riesgo o tumores localizados en cabeza y cuello presentan un mayor riesgo de desarrollar desnutrición. Asimismo, aquellos cuyo tratamiento incluye cirugía, quimioterapia, radioterapia abdominal o una combinación de estas modalidades terapéuticas son particularmente vulnerables al deterioro del estado nutricional.
Más allá de la enfermedad de base, la desnutrición conlleva consecuencias clínicas relevantes, tanto a corto como a largo plazo, que pueden comprometer la evolución del paciente y su calidad de vida.
A corto plazo, se asocia con una pérdida significativa de masa muscular y masa magra, lo que contribuye al deterioro funcional y al aumento de la fragilidad. Asimismo, puede provocar un mayor estrés psicológico y una mayor susceptibilidad a infecciones como consecuencia del compromiso del sistema inmunológico. Desde el punto de vista terapéutico, un estado nutricional deficiente se relaciona con una menor tolerancia a la quimioterapia, una respuesta menos eficaz al tratamiento y, en algunos casos, retrasos en la administración de los ciclos previstos.
A largo plazo, el impacto de la desnutrición puede extenderse más allá del periodo de tratamiento oncológico, afectando de manera negativa al crecimiento y a la talla final del niño, así como a la maduración y mineralización ósea. Estas alteraciones pueden condicionar el desarrollo físico futuro y la salud ósea en la edad adulta. Además, un estado nutricional inadecuado se ha asociado con una menor supervivencia a largo plazo y con una peor calidad de vida en los supervivientes de cáncer infantil.
Por todo ello, resulta fundamental realizar una valoración nutricional adecuada y periódica, que permita identificar de forma precoz los síntomas asociados, considerar el tratamiento antineoplásico y calcular los requerimientos nutricionales en función del tipo de tumor. Este proceso de evaluación no difiere del aplicado a otros niños, si bien debe llevarse a cabo con mayor frecuencia y seguimiento en el paciente oncológico.
Recomendaciones nutricionales para padres de niños con cáncer
- Fraccionar la ingesta diaria, ofreciendo comidas más frecuentes y de menor volumen a lo largo del día.
- Priorizar los alimentos más calóricos y nutritivos en aquellos momentos en los que el niño presente mayor apetito.
- Favorecer un entorno tranquilo y agradable durante las comidas.
- Mantener una actitud flexible y comprensiva ante los cambios en los gustos alimentarios, evitando al mismo tiempo una dieta monótona o insuficiente.
- Implicar al niño en la planificación y preparación de los platos, siempre que sea posible.
- Utilizar alimentos de textura suave y sabores aromáticos, evitando condimentos picantes o de sabor intenso como el ajo o el pimentón.
- Cuidar la presentación y variedad de los platos, ofreciendo pequeñas cantidades y utilizando guarniciones de colores atractivos.
- Evitar forzar el consumo de alimentos que generen rechazo o aversión.
Consideraciones adicionales
En aquellos casos en los que no se logre alcanzar un estado nutricional adecuado mediante la alimentación oral, puede ser necesario recurrir a otras estrategias de soporte nutricional:
- Suplementación oral con nutrición enteral, indicada cuando no se alcanzan los requerimientos energéticos estimados, pero existe una ingesta oral conservada.
- Nutrición enteral por sonda, recomendada en situaciones de pérdida de peso y dificultad para cubrir los requerimientos energéticos por vía oral durante más de cinco días, o en presencia de mucositis grave.
- Nutrición parenteral, reservada para casos de alteración de la absorción intestinal, intolerancia a la nutrición enteral durante más de cinco días, vómitos o diarreas graves, pancreatitis aguda grave o íleo paralítico.